viernes, 16 de septiembre de 2016

Belleza secreta




Entonces fue como si de repente viese la belleza secreta de sus corazones, la profundidad de sus corazones que no puede ser alcanzada por el pecado, el deseo o el conocimiento de uno mismo, la esencia de nuestra realidad, la persona que cada uno es a los ojos de lo Divino. Ojalá pudieran todos verse como son en realidad. Ojalá pudiéramos vernos todos así todo el tiempo. No habría más guerras, ni más odio, ni más crueldad, ni más codicia… Supongo que el gran problema sería que todos nos postraríamos para adorarnos unos a otros

Thomas Merton


Thomas Merton (1915-1968) fue un monje y místico trapense norteamericano. Escribió mucho sobre la experiencia espiritual y abrió caminos fecundos de comunión entre cristianismo y budismo. Merton tuvo una experiencia mística – tal vez la más profunda de su vida – frente a una estatua inmensa del Buda dormido en Sri Lanka: no deja de sorprender y cuestionar que un monje cristiano tuvo una fundamental experiencia espiritual en un contexto budista y que todo esto confirmó su fe cristiana: algo nos une más allá de las religiones, lo divino sobrepasa todas nuestras maneras de decirlo y expresarlo.

Esta experiencia mística la vemos reflejada en la citación de hoy.

Un texto hermoso que nos da la clave del camino espiritual: ver la esencia de la realidad. Hace tiempo que esta es mi única oración: “Señor que pueda ver las cosas como son. Que pueda ver la realidad”.

Aprender a ver es tal vez el único aprendizaje necesario. Nuestra mirada interior está siempre ofuscada y filtrada por nuestros pensamientos sobre la realidad y por nuestros estados emocionales. Pensamiento y emociones desvirtúan la percepción de la realidad: de nosotros mismos, de los demás, del mundo. No logramos ver las cosas como son, no logramos captar la esencia.

El aprendizaje pasa necesariamente por el camino del silencio: cuando pensamiento y emociones callan, lo real aparece. La visión se purifica.
A veces por instantes – supongo que todos – hemos logrado ver, tener un destello de la esencia, como la llama Merton. Son las experiencias cumbres que se nos brindan en momentos de particular serenidad y apertura. Breves instantes para después volver a distorsionar la realidad.

¿Qué vio Merton? ¿Qué logramos ver cuando nuestra mirada es pura, transparente, inmediata?
La belleza secreta de sus corazones” nos dice Merton. Hermosa expresión. Hermosa expresión para decir que logramos captar lo divino, lo eterno. En todos y en todo.

Logramos darnos cuenta de que el Amor es la raíz incorrupta de todo lo que es.

¿Y cuales las consecuencias de tal visión?

Sigo utilizando las mismas palabras de Merton: “No habría más guerras, ni más odio, ni más crueldad, ni más codicia… Supongo que el gran problema sería que todos nos postraríamos para adorarnos unos a otros.

Cuando vemos que solo el Amor es, que el Amor es la raíz de todo, ¿qué más podemos hacer sino vivir en agradecimiento, gratitud y amor?

Por eso aprender a ver es tan esencial. El actuar destructivo no nace en primer lugar de una falta moral, sino de una falta de visión.
Cuando se ve bien, cuando se capta intuitivamente lo esencial, todo fluye, todo se transforma, todo se armoniza. Solo hay belleza.









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